martes, 22 de mayo de 2012

La mariposa presumida



Mariposilla era una belleza, pero se creía algo más que hermosa. Por lo menos había que tratarla como la Reina del Mundo para que ella se sintiera satisfecha. ¡Cuánta presunción Dios mío!

No tenía amigas, pues toda mariposa que se le acercaba era objeto de burlas y desprecios por su parte.

- ¿Qué haces tú en mi presencia, fea criatura? ¿Es que no ves que te aventajo en elegancia y belleza? - solía decir, dándose aires de grandeza.

Tampoco sus familiares escapaban a la quema. Mantenía a distancia a sus propios padres y hermanos, como si ella no hubiera nacido por vía natural sino directamente del cielo. Los trataba con enorme frialdad, como quien hace un triste favor, sin más remedio.

- Sí, eres hermosa, Mariposilla, pero no usas esta cualidad como deberías. Por ello te destruirá - le previno un sabio del bosque, con gesto solemne.

Aunque Mariposilla no le hizo caso, una ligera inquietud anidó en su corazón. Respetaba a ese sabio y temía que estuviese en lo cierto, pero Mariposilla alejó estos pensamientos de su mente y siguió con su actitud acostumbrada.

Un día, la profecía del sabio se cumplió. Un niño muy listo la sorprendió con su cazamariposas y se apoderó de ella. ¡Qué triste es ver a Mariposilla atravesada por un alfiler y añadida a la hermosa colección del muchacho! Ella se lo ha ganado. 

Nosotros también tenemos siempre lo que merecemos, por mucho que echemos la culpa a otras personas, al destino, a Dios o a la mala suerte. Sí, amigos; cada cual se labra su propio cielo o infierno en esta vida.

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