miércoles, 23 de mayo de 2012

El coleccionista de globos


Mandrilín era un travieso redomado. Pertenecía a la familia de los monos, aunque tenía propiedades especiales. Se pasaba el día vagando por la selva, a ver qué trastada podía hacer.

En esto vio a Doña Flamenca, que tenía un puesto de globos. Sostenía un montón de ellos con su mano derecha, mientras arreglaba el puesto con la izquierda.

"¡Tengo que hacerme con esos globos como sea! - pensó el mandril, frotándose las manos -. ¡Ya está! Le diré algo que la entretenga lejos del puesto".

Y como lo pensó lo hizo. Con aire inocente, se acercó a Doña Flamenca y le dijo:

- Su hijo se ha caído de la cuna y ha empezado a llorar muy enfadado. Le he visto al pasar delante de su casa.

- ¡Mi bebé, mi bebé! - exclamó Doña Flamenca, mientras dejaba los globos en manos de Mandrilín y echaba a correr hacia su casa.

Mandrilín, que pesaba la quinta parte que doña Flamenca, se sintió, de pronto, colgado de los aires. ¡Subía hacia las nubes como un águila! En efecto, los globos tenían más fuerza que él y el travieso mandril se perdió en las alturas.

Creo que aún está Mandrilín dando vueltas al mundo. Adivino lo que está pensando: "¡Ah!, si algún día puedo bajar a tierra, no volveré a cometer ninguna trastada."

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