lunes, 23 de abril de 2012

Dos ardillas buenas



Ardillita y Ardillina se disponían a salir de casa, muy arregladas ambas. Acababan de comenzar las fiestas del pueblo y pensaban pasárselo en grande. Tenían para elegir el circo, el cine, la feria, el parque de atracciones, el teatro infantil..., bueno, un sin fin de cosas.

Justo en el momento de irse, vieron a su tío, el Doctor Sapo, que acababa de atender a su madre. Parecía preocupado, y les dijo:

- Vuestra madre está enferma y necesita que le ayudéis. ¿Me prometéis que lo vais a hacer?

- ¡Naturalmente tío! - dijo Ardillita. - Mamá se merece todo.

- Vete tranquilo que nosotras la cuidaremos y haremos las tareas de la casa - prometió Ardillina.

Ambas sintieron un poco de pena, pues veían que iban a quedarse sin las fiestas, pero se pusieron a trabajar con mucha voluntad, pues eran responsables y buenas hijas.

Mientras una lavaba, otra limpiaba el polvo. Después prepararon la comida para su madre, fregaron los suelos y, en suma, hicieron todo lo que se suele hacer en una casa y en estas circunstancias.

Al día siguiente, su tío el Doctor encontró a la mamá de Ardillita y Ardillina mucho mejor. Casi se había puesto buena del todo y quería levantarse de la cama. El Doctor Sapo, contento con sus sobrinas, les invitó a ir al circo por la tarde. De este modo, Ardillita y Ardillina obtuvieron su recompensa.

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