sábado, 12 de mayo de 2012

El tiburón



Tiburón había sido un estudiante de primera. Hizo la carrera de Turismo con gran éxito y obtuvo con facilidad un empleo como Guía Turístico.

Su misión era enseñar el mar en que vivía a peces turistas venidos de muy lejos. Buen narrador y excelente explorador, Tiburón sabía encontrar toda clase de maravillas bajo las aguas, desde restos de barcos hundidos hasta ánforas, monedas de oro y plata y muchos otros tesoros abandonados por el hombre. Sus clientes disfrutaban mucho con él y, al terminar cada excursión, solían hacerle un bonito regalo.

Tiburón trabajaba a sueldo, claro está. El último día de cada mes, su jefe le daba el sobre con el dinero correspondiente. ¡Lástima! Tiburón era un derrochón caprichoso y tonto. Se le antojaban un montón de cosas y, tres días después de cobrar su sueldo, se había gastado éste por completo. El resto del mes tenía que capear el temporal de mala manera.

Un día se vieron sus padres en apuros económicos y le pidieron algo de dinero para acabar con su problema. Tiburón, avergonzado, confesó que no tenía ni un céntimo:

- ¡Pero si estamos a día cinco! - exclamó su padre sorprendido.

- Lo siento papá, me lo he gastado todo en los tres primeros días. No tengo un sólo céntimo ahorrado - respondió Tiburón.

Tanta rabia le dio el disgusto causado a sus padres que, desde el mes siguiente, Tiburón administró su sueldo con gran cuidado. ¡Ah, cada mes podía ahorrar casi la mitad del mismo!

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