sábado, 2 de junio de 2012

La ardillita buena


¡Qué amable y trabajadora era Ardillina! Agradecía con su sonrisa el favor más insignificante y siempre tenía una frase alegre y estimulante para el triste o dolorido.

Bueno, se acercaba el invierno y Ardillina, previsora, trabajó mucho para reunir las nueces que le hacían falta. Sobrevivir durante los fríos y largos meses en que la nieve cubre los bosques, es un problema delicado.

Un día, cuando ya Ardillina había reunido suficiente cantidad de nueces, se dio cuenta de que faltaban algunas de su almacén casero. Angustiada, salió en busca de posibles huellas.

No tardó en encontrar un diminuto rastro sobre la arena. Lo siguió con detenimiento hasta toparse con un grupo de hormigas que llevaban a sus espaldas pequeños trozos de nuez. ¡Ellas habían sido!

Ardillina, comprensiva, les dejó marchar y se volvió a su casa sin decir palabra. Por desgracia, el invierno fue más largo de lo normal y, ya en las últimas semanas de su curso, Ardillina observó que se quedaba sin comida.

Ese mismo día vinieron a casa de Ardillina numerosas hormigas. Cada una de ellas traía un trocito de nuez. La que parecía de mayor rango se adelantó a sus compañeras y dijo:

- Ardillina, no hemos olvidado tu maravilloso gesto hacia nosotras antes de que este invierno comenzase. Ahora sabemos que te has quedado sin alimentos por nuestra causa. Acepta, pues, las nueces que te traemos, y recibe nuestro inmenso agradecimiento.

Almas bondadosas como la de Ardillina nunca se verán desamparadas, pues ellas recogen los frutos de su magnífica siembra de amor y bondad.

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