miércoles, 6 de junio de 2012

Colmillo



Cerca del Polo Norte vivía un oso llamado Colmillo. Era un excelente patinador y tenía a su disposición para practicar este deporte una inmesa y helada superficie que se extendía más allá del alcance de la vista.

En esta pista, que era de uso municipal, practicaban algunos principiantes. Entre ellos se destacaban, por su torpeza, dos pingüinos, quienes se veía que nunca habían usado unos patines.

Colmillo, lanzado a toda velocidad, empujaba despreciativamente a ambos pingüinos y éstos solían terminar caídos en el hielo.

- ¿Por qué nos empujas, vanidoso? ¡La pista es de todos y tenemos el mismo derecho que tú a gozar de ella! - le gritó uno de los pobres pingüinos.

Colmillo no contestaba, y seguía con sus empujones. Ambos pingüinos, enfurecidos, decidieron darle una lección.

- ¡Colmillo, te echamos una carrera con los patines! ¿A que no eres capaz de ganarnos? - gritó uno de los pingüinos, en todo desafiante. 

Colmillo, muerto de risa, aceptó. Sabía que iba a ser una carrera tonta y ridícula. ¿Qué podían hacer esos incapaces? ¡Si ni siquiera podían sostenerse en pie sobre los patines!

Uno de los pingüinos marcó los límites de la pista y, con un grito, dio la señal de salida. Colmillo, ciego de orgullo, empezó a patinar, sin fijarse en que nadie le seguía. Cogió más y más velocidad, hasta que, de repente, se dio cuenta de que el hielo se terminaba y... ¡aterrizaba sobre el agua!

Entre risas y burlas, Colmillo pudo salir del agua. Su orgullo había sido humillado. Ya nunca más atropellaría a sus semejantes.

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