Ya sabéis que, tanto la tortuga como el caracol llevan la casa a cuestas; es decir, tienen sendos caparazones en los que se pueden meter cuando el frío o la lluvia arrecian. Es una gran ventaja, compensada por el grave inconveniente del peso que han de soportar y la obligada lentitud de sus movimientos.
Sin embargo, viven en este bosque una tortuga y un caracol con gran olfato comercial. Deseosos de ganarse la vida sin gran esfuerzo, alquilan sus caparazones a todo animalito de pequeño tamaño que quiera resguardarse del mal tiempo y no pueda regresar a su casa con la necesaria rapidez.
Creo que han tenido un gran éxito, pues por unas pocas monedas, hormigas, insectos, moscas y otros bichitos tienen dónde protegerse de un brusco aguacero o un temporal de viento y granizo. ¿Veis lo que hace el sentido práctico, amigos?

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