Aquel elefante era el inspector más malvado que jamás he visto. Iba de casa en casa cobrando los alquileres mensuales y, a los animales que no podían pagarle, les echaba de su hogar a patadas y pescozones. De este modo sembraba el dolor y la desesperación a su alrededor.
- ¡A mí esos holgazanes no me engañan, no señor! ¡Sé que tienen dinero para pagarme, pero no quieren hacerlo los muy bribones! ¡Látigo y mano dura con ellos, ese es mi lema! - solía decir siempre que se encontraba conmigo.
Los animales le creían un enviado del diablo, tal era el terror que inspiraba a quien se dirigía. Muchos le odiaban, otros le compadecían. Realmente, Don Elefante era digno de lástima.
Una gran tormenta vino a castigar su maldad. Su casa se derrumbó, debido al huracán que se desató sobre la región. No quedaron de ella ni los cimientos.
- ¡Oh, Dios mío!, ¿qué haré? ¡No tengo dónde dormir! - exclamaba, lloroso, el miserable.
Por suerte para él, sus vecinos tenían buen corazón y le hicieron una casa nueva. Desde entonces, Don Elefante es un inspector bueno y cariñoso con todos los vecinos.
Por suerte para él, sus vecinos tenían buen corazón y le hicieron una casa nueva. Desde entonces, Don Elefante es un inspector bueno y cariñoso con todos los vecinos.
0 curiosos:
Publicar un comentario
¿Qué te ha parecido lo que has leído?
¡Deja un comentario!